SIN PERDER DE VISTA LAS EXIGENCIAS LEGALES Y LA EVALUACIÓN DE RIESGOS LABORALES

La actuación de la empresa debe de salvaguardar la integridad física y psíquica de sus trabajadores.

La semana pasada acudí a una charla llamada “En busca de la empresa saludable” y, por eso de reírme solo mientras iba, me imaginaba al ponente al más puro estilo Indiana Jones.

Tonterías mías aparte, lo importante era lo que decía en relación con la actual tendencia de las empresas saludables. Es evidente que las empresas para ser productivas y competitivas, con independencia de sus tamaños, necesitan que sus empleados trabajen y saquen las tareas encomendadas en la forma y el modo que se les encomiende. Para que eso sea así, es importante que los trabajos se encuentren en un buen estado de salud, sin que corran el riesgo de sufrir ninguna enfermedad.

De esta manera, son muchas las empresas que han implementado planes de acción que fomentan los hábitos saludables entre los trabajadores. Se les informa de la conveniencia de comer correctamente; de guardar el equilibrio entre la ingesta, las características personales y la actividad que desarrolla; de realizar ejercicio físico con regularidad y acorde a las capacidades individuales; de mantener los vínculos con la familia y las amistades; …

En algunos casos, como ya hemos hablado, comentó que las empresas han instalado salas de ejercicio en los centros de trabajo o han llegado a acuerdos con centros deportivos para que acudan a ellos sus empleados o han desarrollado programas para la adquisición de alimentos sanos o han formado grupos o equipos para la práctica de actividades al aire libre o de competición.

El orador para nada desmereció ninguna de las anteriores actuaciones; sin embargo, sí señaló que, en algunas ocasiones, hacer hincapié en la dieta y el ejercicio de los trabajadores, se quedaba en pura cosmética.

Recalcó que cuidar de la salud de sus empleados para evitar el absentismo y generar buenos hábitos pueden ser actuaciones complementarias, pero que nunca pueden sustituir al deber de protección por parte del empresario derivado de la legislación preventiva. Es preciso que ese deber se enfoque al trabajador en su totalidad y se incluya en la gestión completa de la empresa y en la toma de decisiones.

Así pues, de poco sirve que un trabajador realice una adecuada alimentación cuando no es capaz de hacer frente a un gran volumen de trabajo y que le puede conducir a una situación de fatiga mental, que puede suponer la baja laboral. Aparte de invertir en los hábitos alimenticios del trabajador, el empresario tiene que invertir en organizar y repartir las labores entre los empleados, en función de capacidades individuales y de disponibilidad temporal. Entendiendo que esa disponibilidad también es la que va a permitir al trabajador ir a realizar ese ejercicio físico deseado.

Igualmente, indicó que de qué sirve el calificativo de saludable, si se decide comprar un equipo de trabajo y disponerlo de tal manera que obligue a los empleados a adoptar posturas incómodas y forzadas que con el tiempo van a dar lugar a la aparición de sobreesfuerzos.

Finalmente, nos sugirió a los asistentes que no nos quedásemos en meras actuaciones, que, a pesar de lo positivo que tienen, se quedan en superficiales y escasas desde un punto de vista de Seguridad y Salud en el Trabajo y que abramos el enfoque a la globalidad de la empresa, tratando de alcanzar el equilibrio entre la producción y la prevención, sin perder de vista las exigencias legales y la Evaluación de Riesgos Laborales de la empresa.

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